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Las células tumorales residen en un microentorno tumoral (TME) altamente complejo y heterogéneo, que está compuesto por una miríada de células no cancerosas genéticamente estables, incluyendo fibroblastos, células inmunitarias, células endoteliales y células epiteliales, y una matriz extracelular (ECM) específica del tumor. Los fibroblastos asociados al cáncer (CAFs), como una población celular estromal abundante y activa en el TME, funcionan como el centro de señalización y máquina de remodelación para ayudar a la creación de un nicho tumoral desmoplásico. Aunque no se puede negar que el TME y los CAFs pueden tener efectos antitumorales también, una gran cantidad de hallazgos reportados en años recientes han revelado de manera convincente los efectos promotores del tumor de los CAFs y de las proteínas, enzimas, factores químicos y otros efectores derivados de la ECM. Si bien hay un creciente entusiasmo por el desarrollo de terapias dirigidas a los CAFs, es necesario una mejor comprensión de las complejidades de las interacciones CAF-ECM y CAF-células cancerosas antes de que se puedan implementar con éxito en la clínica estrategias terapéuticas novedosas dirigidas al "suelo" tumoral maligno.
Liu et al. (Wed,) estudiaron esta pregunta.