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El creciente número de personas con demencia a nivel mundial ilustra la necesidad urgente de reducir la magnitud e impacto de la demencia. La participación social a lo largo de la vida puede afectar el riesgo de demencia al aumentar la reserva cognitiva, y a través del mantenimiento cerebral al reducir el estrés y mejorar la salud cerebrovascular. Por lo tanto, puede tener importantes implicaciones para el comportamiento individual y la política de salud pública destinada a reducir la carga de la demencia. La evidencia de estudios observacionales indica que una mayor participación social en la mediana y la última edad de la vida se asocia con un riesgo subsecuente de demencia de 30-50% más bajo, aunque parte de esto puede no ser causal. Las intervenciones de participación social han llevado a una mejora en la cognición pero, en parte debido a un seguimiento corto y a un número reducido de participantes, no ha habido reducción en el riesgo de demencia. Resumimos la evidencia que relaciona la participación social con la demencia, discutimos los mecanismos potenciales por los cuales la participación social es probable que reduzca y mitigue el impacto de la neuropatología en el cerebro, y consideramos las implicaciones para futuras intervenciones de prevención de la demencia en clínica y política.
Sommerlad et al. (Jue,) estudiaron esta cuestión.