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Las mitocondrias son orgánulos con su propio genoma que se originaron a partir de α-proteobacterias que vivían dentro de Arqueas unicelulares hace más de mil millones de años. Este paso de endosimbiosis ofreció enormes oportunidades para la producción de energía y el metabolismo, y permitió la evolución de hongos, plantas y animales. Sin embargo, menos apreciados son los inconvenientes de esta endosimbiosis. La coordinación de la expresión genética entre los genomas mitocondriales y el genoma nuclear es imprecisa y puede conducir a estrés proteotóxico. La reproducción clonal del ADN mitocondrial requiere soluciones alternativas para evitar un colapso mutacional. En metazoos que desarrollaron vías inmunitarias innatas para frenar infecciones bacterianas y virales, los componentes mitocondriales pueden reaccionar con los sensores de patógenos e invocar inflamación. Aquí, me centro en los numerosos y elegantes procesos de control de calidad que compensan o mitigan estos desafíos de la endosimbiosis.
Richard J. Youle (jue,) estudió esta cuestión.
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