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Se utilizó una nueva conceptualización del control percibido para probar un modelo de proceso que describe la contribución de estas percepciones al logro escolar de estudiantes en la escuela primaria (N = 220). Se distinguieron tres conjuntos de creencias: (a) expectativas sobre si uno puede influir en el éxito y el fracaso en la escuela (creencias de control); (b) expectativas sobre las estrategias que son efectivas para producir resultados académicos; y (c) expectativas sobre las propias capacidades para ejecutar estas estrategias. Los análisis correlacionales y de trayectoria fueron coherentes con un modelo de proceso que predijo que el control percibido de los niños (autoinforme) influye en el rendimiento académico (calificaciones y puntajes en pruebas de logro) al promover o socavar el compromiso activo en actividades de aprendizaje (según informaron los maestros), y que los maestros influyen positivamente en el control percibido de los niños mediante la provisión de contingencia e involucramiento (según informaron los estudiantes). Estos resultados tienen implicaciones para las teorías del control percibido y también sugieren una vía por la cual los maestros pueden aumentar la motivación de los niños en la escuela. Varios décadas de investigación han demostrado que un contribuyente importante al rendimiento escolar son las expectativas de un individuo sobre si tiene control sobre los éxitos y fracasos académicos. Se ha producido un sólido conjunto de hallazgos empíricos utilizando una variedad de constructos, como ubicación de control, atribuciones causales, indefensión aprendida y autoeficacia. Comenzando con el examen de creencias sobre si los refuerzos están bajo control interno o externo (Rotter, 1966), ha acumulado evidencia empírica que indica que los niños que creen que tener éxito en la escuela depende de sus propias acciones rinden mejor que aquellos que no (Seligman, 1975). De manera similar, los niños que creen que las buenas calificaciones son causadas por causas internas y controlables (como el esfuerzo; Weiner, 1979), que creen que pueden producir las respuestas que conducen a resultados deseados (Bandura, 1977), o que creen que poseen alta capacidad (Harter, 1981; Stipek, 1980) tienen un mejor rendimiento académico. Estos niños obtienen puntajes más altos en las pruebas de inteligencia.
Skinner et al. (Jue,) estudiaron esta cuestión.