Este ensayo desarrolla un relato acompañante del Amor Homeorético y Philesōtia dentro de la Teoría de la Bifurcación de Señales (SBT). Argumenta que el Amor no es una emoción, ni un mandato moral, ni un ideal romántico. Es una condición estructural de participación consciente fundamentada en el equilibrio homeorético de la organización viviente. En el contexto biológico, la condición que luego se presenta en la vida consciente como Amor es la zona regulatoria óptima en la que la variación limitada permanece dentro de los límites de apoyo a la estabilidad entre la estasis y el sobrepaso. Dentro de la conciencia Semepoietica, en el nivel basal del acoplamiento sensorimotor ponderado por valencia, esta misma condición se torna disponible como una participación inmediata y no instrumental, donde la posterior demanda de resultado narrativo retrocede. El ensayo argumenta además que muchos relatos filosóficos y psicológicos influyentes sobre el amor han fracasado en describir esta condición subyacente. En su lugar, circunscriben el amor tal como aparece una vez que es representado y mal categorizado por la Narración de Señales: como condiciones ya convertidas de relación estructural en historias de carencia, proyección, posesión, idealización o demanda. Tales malatribuciones pertenecen al paradoja de la extrañeza y reflexión humanas permitidas por la bifurcación simbólica. Han dado lugar al drama de Shakespeare y la resonancia emocional de Yeats, pero en términos de SBT siguen siendo definiciones y extrapolaciones que giran, y a menudo pierden, la verdadera condición estructural del Amor Homeorético, cuyo poder para resolver la tensión emocional y la disonancia es una precondición de la incondicionalidad. La tradición filosófica se examina en dos movimientos. El primero comprende relatos en los que el amor se trata primordialmente como carencia, impulso, proyección compensatoria o apropiación simbólica, desde Platón y Aristóteles hasta Schopenhauer, Nietzsche y Freud. El segundo comprende relatos que resisten el sentimentalismo y la reducción del impulso e intentan localizar algo no instrumental en el núcleo del amor — Spinoza, Fromm, Frankfurt y Murdoch, cada uno de los cuales se aproxima pero no llega a la condición estructural. Las tradiciones orientales, en particular el taoísmo y los relatos budistas de los brahmavihārās, ofrecen más paralelismos estructurales examinados en sus propios términos. La última parte del ensayo introduce Philesōtia no como parte de la ontología, sino como una propuesta lógico-orientacional articulada desde la estructura del propio marco: un modo de práctica a través del cual un organismo comprometido narrativamente puede buscar patrones de conciencia que devuelvan el sobrepaso simbólico a la inmediatez. Desde esta base, el ensayo re-sitúa la moralidad y la ética dentro de la continuidad Semepoietica. La Semepoiesis no conlleva ninguna topología moral intrínseca. Sin embargo, los sistemas de vida humana y social siguen siendo no indiferentes a lo que apoya o amenaza su coherencia. Por lo tanto, los sistemas éticos, las superposiciones míticas, el dogma religioso y formas relacionadas se interpretan no como descubrimientos de una ley moral cósmica, sino como codificaciones narrativas de patrones que apoyan y amenazan la continuidad dentro de un despliegue imparcial.
Nicholas James Letchford (Vie,) estudió esta cuestión.