RESUMEN El objetivo tradicional de la democracia social occidental ha sido crear una sociedad que sea una ‘posesión común’ de sus miembros (en palabras de T.H. Marshall). Por lo tanto, la política socialdemócrata ha sido tanto la creación de sociedades como la formación de membresías, orientando a las personas hacia una sociedad compartida como objeto de apego y lealtad, y fomentando concepciones de democracia y del estado de bienestar basadas en la membresía. Esta aspiración de crear una sociedad que sea la posesión común de sus miembros ha sustentado muchos movimientos de justicia social. Sin embargo, algunos comentaristas argumentan que este modelo no puede abordar los problemas más apremiantes del mundo actual, y que necesitamos encontrar una forma de teorizar la política que no repose en ideas de que los individuos son ‘miembros’ de ‘sociedades’, o en ideas de que la política debería orientarse a las personas hacia una sociedad compartida como objeto de lealtad y una base para la solidaridad. En este artículo, exploro si el ideal de una sociedad como posesión común de sus miembros puede ser redimido frente a estas críticas, y en particular si puede ser pluralizado de manera que respete las experiencias y aspiraciones de las minorías racializadas y los pueblos indígenas.
Will Kymlicka (Sun,) estudió esta cuestión.