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La irritabilidad, definida como la propensión a la ira que puede afectar el funcionamiento de un individuo, es común en los jóvenes. Ha habido un reciente aumento en la investigación relevante. Los autores combinan enfoques de revisión sistemática y narrativa para integrar los últimos hallazgos clínicos y traslacionales y proporcionar sugerencias para abordar las lagunas en la investigación. Los clínicos e investigadores deben evaluar la irritabilidad de forma rutinaria, y ahora están disponibles herramientas de evaluación específicas. Los efectos del informante son prominentes, estables y varían según la edad y el género. La prevalencia de la irritabilidad es particularmente alta entre individuos con trastorno por déficit de atención e hiperactividad, trastorno del espectro autista y trastornos del estado de ánimo y de ansiedad. La irritabilidad se asocia con deterioro y riesgo de suicidio independientemente de los diagnósticos coexistentes. Se han identificado trayectorias de desarrollo de la irritabilidad (que pueden comenzar en la infancia) y se asocian de manera diferencial con resultados clínicos. La irritabilidad juvenil se asocia con un mayor riesgo de ansiedad, depresión, problemas de conducta y suicidio más adelante en la vida. La irritabilidad es moderadamente hereditaria, y las asociaciones genéticas difieren según la edad y enfermedades comórbidas. El entrenamiento en manejo de padres es efectivo para tratar problemas psicológicos relacionados con la irritabilidad, pero su eficacia en el tratamiento de la irritabilidad debe probarse de manera rigurosa, al igual que las intervenciones novedosas informadas por mecanismos (por ejemplo, aquellas que abordan la exposición a la frustración). Las asociaciones entre la irritabilidad y el suicidio y el impacto del contexto cultural son temas importantes y poco investigados. Se necesitan análisis de muestras longitudinales grandes y diversas que se extiendan hasta la adultez. Los datos de investigaciones tanto en animales como en humanos indican que las respuestas aberrantes a la frustración y a la amenaza son centrales en la fisiopatología de la irritabilidad, revelando importantes oportunidades traslacionales.
Leibenluft et al. (Jue,) estudiaron esta cuestión.
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