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La pared celular está compuesta por una red tridimensional basada en polisacáridos. Considerada durante mucho tiempo como un exoesqueleto inerte, la pared celular ahora se ve como una estructura dinámica que cambia continuamente como resultado de la modificación de las condiciones de cultivo y los estreses ambientales. Aunque la composición de la pared celular varía entre especies fúngicas, el análisis comparativo quimogenómico ha llevado a una mejor comprensión de los genes y mecanismos involucrados en la construcción del núcleo central común compuesto de quitina-glucano ramificado beta1,3. Debido a su papel biológico esencial, su bioquímica única y su organización estructural, así como a la ausencia en las células de mamíferos de la mayoría de sus componentes constitutivos, la pared celular es un objetivo atractivo para el desarrollo de nuevos agentes antifúngicos. Estudios genómicos y de medicamentos han demostrado que la muerte del hongo puede resultar de la inhibición de las sintasas de polisacáridos de la pared celular. Hasta la fecha, solo se han lanzado clínicamente inhibidores de la sintasa de glucano beta1,3 y quedan muchos más objetivos por explorar.
Jean‐Paul Latgé (Vier,) estudió esta cuestión.