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Las altas ingestas de azúcares dietéticos en el contexto de una pandemia mundial de obesidad y enfermedad cardiovascular han aumentado las preocupaciones sobre los efectos adversos del consumo excesivo de azúcares. Entre 2001 y 2004, la ingesta habitual de azúcares añadidos para los estadounidenses fue de 22.2 cucharaditas por día (355 calorías por día). Entre 1970 y 2005, la disponibilidad promedio anual de azúcares/azúcares añadidos aumentó en un 19%, lo que sumó 76 calorías a la ingesta diaria promedio de energía de los estadounidenses. Las bebidas gaseosas y otras bebidas endulzadas con azúcar son la fuente principal de azúcares añadidos en las dietas de los estadounidenses. El consumo excesivo de azúcares se ha relacionado con varias anomalías metabólicas y condiciones de salud adversas, así como con deficiencias de nutrientes esenciales. Aunque los datos de ensayos son limitados, la evidencia de estudios observacionales indica que una mayor ingesta de bebidas gaseosas se asocia con una mayor ingesta de energía, mayor peso corporal y menor ingesta de nutrientes esenciales. Los datos de encuestas nacionales también indican que el consumo excesivo de azúcares añadidos está contribuyendo al consumo excesivo de calorías discrecionales por parte de los estadounidenses. Basado en las Guías Dietéticas de EE. UU. de 2005, la ingesta de azúcares añadidos supera con creces las asignaciones de calorías discrecionales, independientemente de las necesidades energéticas. En vista de estas consideraciones, la Asociación Americana del Corazón recomienda reducciones en la ingesta de azúcares añadidos. Un límite superior prudente de ingesta es la mitad de la asignación de calorías discrecionales, que para la mayoría de las mujeres estadounidenses no es más de 100 calorías por día y para la mayoría de los hombres estadounidenses no es más de 150 calorías por día de azúcares añadidos.
Johnson et al. (Mar,) estudiaron esta cuestión.