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El accidente cerebrovascular causa una interrupción súbita de la función cerebral fisiológica, lo que lleva a discapacidades de las redes cerebrales funcionales involucradas en movimientos voluntarios. En algunos casos, el cerebro tiene la capacidad intrínseca de reorganizarse, compensando así la interrupción de las redes motoras. En humanos, tal reorganización puede investigarse in vivo utilizando neuroimágenes. Los recientes desarrollos en los análisis de conectividad basados en datos de neuroimágenes funcionales han proporcionado nuevas perspectivas sobre la fisiopatología de red subyacente a los síntomas neurológicos. Aquí revisamos estudios recientes de neuroimágenes que utilizan correlaciones en estado de reposo funcional, modelos de conectividad efectiva o análisis teóricos de grafos para investigar cambios en las redes neuronales motoras y la recuperación después de un accidente cerebrovascular. Los datos demuestran que las perturbaciones de la red después de un accidente cerebrovascular ocurren no solo en las cercanías de la lesión, sino también entre áreas corticales remotas en los hemisferios afectado y no afectado. La reorganización de las redes motoras abarca una restauración de la coherencia funcional interhemisférica en el estado de reposo, particularmente entre las cortezas motoras primarias. Además, las redes neuronales reorganizadas presentan interacciones excitatorias fuertes entre áreas frontoparietales y la corteza motora primaria en el hemisferio afectado, lo que sugiere que un mayor control descendente sobre las áreas motoras primarias facilita la ejecución motora en el cerebro lesionado. Además, hay evidencia de que la recuperación motora está acompañada por una topología de red más aleatoria con procesamiento de información local reducido. En conclusión, el accidente cerebrovascular induce cambios en la conectividad funcional y efectiva dentro y entre los hemisferios, lo que se relaciona con discapacidades motoras y su recuperación. Por lo tanto, los análisis de conectividad pueden proporcionar nuevas percepciones sobre la fisiopatología subyacente a los déficits neurológicos y pueden utilizarse para desarrollar nuevas estrategias de tratamiento informadas neurobiológicamente.
Rehme et al. (Tue,) estudiaron esta cuestión.