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A pesar de siglos de cercamiento y mercantilización, los bienes comunes siguen siendo una forma duradera de organización, y una que puede tener una relevancia creciente a medida que nos adentramos más en la crisis económica y ecológica. Después de explorar las relaciones ambiguas entre los bienes comunes y el capitalismo, el artículo sostiene que los bienes comunes se entienden mejor no como un recurso, sino como un proceso social de organización y producción. El artículo comienza considerando el trabajo de Elinor Ostrom, que ha sido esencial para demostrar que los bienes comunes implican comunidad, una organización colectiva para compartir y preservar recursos comunes. Sin embargo, Ostrom solo consideró algunos aspectos de los bienes comunes. Ella exploró cómo las comunidades se organizan en los bienes comunes para compartir recursos entre los miembros individuales, pero ignoró el hecho de que los bienes comunes no solo pueden ser distribuidos en común, sino que también pueden ser utilizados de manera común y en este proceso pueden ser reproductivos de la comunidad. El artículo continúa explorando estos procesos de organización para los bienes comunes y de los bienes comunes a través de tres breves ejemplos: una comuna, una comunidad de residentes locales que recuperan su vecindario y un centro social. Usando estos ejemplos, el artículo luego discute el modo de organización que subyace a los bienes comunes en términos de la producción y distribución del uso, así como la dependencia del principio de 'reciprocidad en perpetuidad' (Pedersen, 2010). La conclusión sugiere que, considerando el fracaso de los mercados y los estados para abordar las crisis en las que nos encontramos, desarrollar y entender los bienes comunes se ha convertido en una tarea urgente.
Valérie Fournier (Mar,) estudió esta cuestión.
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