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Sin duda, el efecto catalizador más importante de la ‘Gran Recesión’ de 2008–2009 ha sido la creación del G20 a nivel de líderes. Como una forma de diplomacia improvisada, el G20 merece un examen exhaustivo, ya que revela el grado de adaptación posible en el sistema internacional. El G20 vincula un componente ideacional significativo, una nueva dinámica entre potencias establecidas y emergentes, y un conjunto complejo de temas. Sin embargo, la calidad innovadora del G20 descansa en dos corrientes muy distintas de actividad y pruebas de logros. El G20 puede ser visto como un 'rompe-recesiones' con un propósito vital pero momentáneo. Alternativamente, el G20 puede ser considerado un ‘comité de dirección’ embebido para el mundo. Ambas interpretaciones tienen validez. El escenario del comité de crisis destaca una agenda impulsada por regulaciones técnicas. El escenario del comité de dirección, por el contrario, muestra la conexión entre el G20 y un nuevo tipo de asentamiento global. Superar la prueba como comité de crisis depende de entregables muy específicos. Superar la prueba como comité de dirección es aún más exigente, ya que cualquier movimiento hacia un ‘concierto’ estatal específico es altamente disputado. Este artículo examina estos debates, ubicando al G20 en una perspectiva histórica/comparativa y en términos del contexto más amplio de cambio en la estructura de poder a principios del siglo veintiuno.
Andrew F. Cooper (Sat,) estudió esta cuestión.