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La migración de células mesenquimatosas es importante para la embriogénesis y la regeneración de tejidos. Además, se ha implicado en condiciones patológicas como la diseminación de células cancerosas. Una característica de las células mesenquimatosas migratorias es la presencia de fibras de estrés de actina, que se cree que median la contractilidad basada en miosina II en estrecha cooperación con adhesiones focales asociadas. La contractilidad basada en miosina II regula diversas actividades celulares, que ocurren de manera espacial y temporal para lograr la migración celular direccional. Estas actividades basadas en miosina II implican la maduración de adhesiones basadas en integrinas, la generación de fuerzas de tracción, el establecimiento del eje de polaridad de adelante hacia atrás, la retracción del borde trasero, la remodelación de la matriz extracelular y la mecanotransducción. La creciente evidencia sugiere que los subtipos de fibras de estrés de actina, a saber, fibras de estrés dorsales, arcos transversales y fibras de estrés ventrales, podrían proporcionar esta actividad espacial y temporal basada en miosina II. Consistente con sus diferencias funcionales, estudios recientes han demostrado que la composición molecular de los subtipos de fibras de estrés de actina difiere significativamente. Esta revisión actual se centra en la visión actual de la composición molecular de los subtipos de fibras de estrés de actina y cómo estos subtipos de fibras regulan la migración de células mesenquimatosas.
Tea Vallenius (Sat,) estudió esta cuestión.
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