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El propósito de este estudio fue proporcionar una prueba experimental de la teoría del cambio propuesta por A. T. Beck, A. J. Rush, B. F. Shaw y G. Emery (1979) para explicar la eficacia de la terapia cognitivo-conductual (TCC) para la depresión. La comparación involucró asignar aleatoriamente a 150 pacientes ambulatorios con depresión mayor a un tratamiento centrado exclusivamente en el componente de activación conductual (AC) de la TCC, un tratamiento que incluía tanto AC como la enseñanza de habilidades para modificar pensamientos automáticos (PA), excluyendo los componentes de la TCC centrados en esquemas centrales, o el tratamiento completo de TCC. Cuatro terapeutas cognitivos experimentados llevaron a cabo todos los tratamientos. A pesar de la excelente adherencia a los protocolos de tratamiento por parte de los terapeutas, un claro sesgo a favor de la TCC y el desempeño competente de la TCC, no hubo evidencia de que el tratamiento completo produjera mejores resultados, tanto al finalizar el tratamiento agudo como en el seguimiento a 6 meses, que cualquiera de los tratamientos por componentes. Además, tanto los tratamientos de AC como de PA fueron igual de efectivos que la TCC para alterar el pensamiento negativo así como los estilos atribucionales disfuncionales. Finalmente, el estilo atribucional fue altamente predictivo de los resultados a corto y largo plazo en la condición de AC, pero no en la condición de TCC.
Jacobson et al. (Mon,) estudiaron esta cuestión.
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