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La sepsis representa la respuesta inflamatoria sistémica del huésped ante una infección grave. Provoca una considerable morbilidad humana que resulta en cientos de miles de muertes cada año. A pesar de décadas de intensa investigación, los mecanismos básicos siguen siendo elusivos. Tanto en modelos experimentales de sepsis en animales como en pacientes humanos, hay cambios fisiológicos sustanciales, muchos de los cuales pueden resultar en lesiones orgánicas subsecuentes. Las variaciones en la edad, el género y las comorbilidades médicas, incluyendo la diabetes y la insuficiencia renal, crean una complejidad adicional que influye en los resultados en pacientes sépticos. Alteraciones específicas basadas en sistemas, como la coagulopatía observada en la sepsis, ofrecen tanto potencial de insight como posibles objetivos terapéuticos. El estrés intracelular induce cambios en el retículo endoplásmico que producen proteínas mal plegadas que contribuyen a los cambios patofisiológicos subyacentes. Con estos múltiples cambios, es difícil clasificar con precisión la respuesta de un individuo en sepsis como proinflamatoria o inmunosuprimida. Esta heterogeneidad también puede explicar por qué la mayoría de las intervenciones terapéuticas no han mejorado la supervivencia. Dada la complejidad de la sepsis, los biomarcadores y los modelos matemáticos ofrecen una guía potencial una vez que se hayan validado cuidadosamente. Esta revisión discute cada uno de estos factores importantes para proporcionar un marco para entender los complejos y actuales desafíos de manejar al paciente séptico. También se discuten los fracasos de ensayos clínicos y las intervenciones terapéuticas que han demostrado ser exitosas.
Iskander et al. (Mon,) estudiaron esta cuestión.