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De las muchas herramientas e instrumentos considerados esenciales para el examen clínico, ninguno ha tenido una aplicación tan amplia como el termómetro clínico. En la época de Hipócrates, solo se utilizaba la mano para detectar el calor o el frío del cuerpo humano, aunque la fiebre y los escalofríos eran conocidos como signos de procesos mórbidos. En la medicina alejandrina, se observaba el pulso como un índice de enfermedad, sustituyendo la evaluación cruda de la temperatura. En la Edad Media, los cuatro humores se asignaron las cualidades de caliente, frío, seco y húmedo, y así la fiebre adquirió nuevamente importancia. Galileo en 1592 ideó un instrumento de medición de temperatura rudimentario, pero no tenía escala y, por lo tanto, no proporcionaba lecturas numéricas; además, se veía afectado por la presión atmosférica. Se logró un gran avance por parte de Santorio (Sanctorio Sanctorius) quien inventó un termómetro de boca. Santorio ...
John Pearce (Mon,) estudió esta cuestión.
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