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Se reportan 3 estudios que evalúan la naturaleza y los límites de un sesgo conocido por parte de los niños agresivos para sobreatribuir intenciones hostiles a sus compañeros. El primer estudio determinó que este sesgo se restringe a las atribuciones del comportamiento de un compañero hacia un niño agresivo, y no a las atribuciones del comportamiento de un compañero hacia un segundo compañero. Se implicaron atribuciones sesgadas como un precedente directo a respuestas agresivas. El segundo estudio evaluó el papel de la atención selectiva y el recuerdo de señales sociales hostiles en la formación de una atribución sesgada. Se encontró que el recuerdo selectivo de señales hostiles llevó a una atribución sesgada, pero que el recuerdo selectivo no explicaba completamente las diferencias atribucionales entre niños agresivos y no agresivos. También se identificaron déficits específicos en el recuerdo por parte de los niños agresivos. El tercer estudio involucró la observación naturalista de los comportamientos agresivos dirigidos a los compañeros de los niños en un entorno controlado. Se encontró que las atribuciones sesgadas de los niños agresivos pueden tener alguna base en su experiencia, ya que con frecuencia eran los objetivos del comportamiento agresivo de sus compañeros. Sin embargo, su propio comportamiento agresivo hacia los compañeros ocurrió a una tasa mucho más alta que la tasa a la que eran los objetivos de la agresión. Estos hallazgos llevaron a la formación de un modelo de procesamiento de información social del comportamiento agresivo.
Dodge et al. (Martes,) estudiaron esta cuestión.