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La resistencia a los antibióticos es un problema global creciente resultado de la presión del uso de antibióticos, mayor movilidad de la población e industrialización. Se cree que muchos genes de resistencia a antibióticos se originaron en microorganismos en el medio ambiente y fueron transferidos a otras bacterias a través de elementos genéticos móviles. Entre otros, los antibióticos β-lactámicos muestran eficacia clínica y baja toxicidad, y por lo tanto se utilizan ampliamente como antimicrobianos. La resistencia a los antibióticos β-lactámicos es conferida por genes de β-lactamasas y proteínas de unión a penicilina, que están codificados por cromosomas o plásmidos, aunque hay poca información disponible sobre la contribución de otros elementos genéticos móviles, como los fagos. Este estudio se centra en tres genes que confieren resistencia a los antibióticos β-lactámicos, a saber, dos genes de β-lactamasas (blaTEM y blaCTX-M9) y uno que codifica una proteína de unión a penicilina (mecA) en ADN de bacteriófagos aislados de muestras de agua ambiental. Los tres genes se cuantificaron en el ADN aislado de bacteriófagos recolectados de 30 muestras de agua de alcantarillado urbano y ríos, utilizando amplificación por PCR cuantitativa. Los tres genes fueron detectados en el ADN de los fagos de todas las muestras probadas, en algunos casos alcanzando 10^4 copias de genes (GC) de blaTEM o 10^2 GC de blaCTX-M y mecA. Estos valores son consistentes con la cantidad de contaminación fecal en la muestra, excepto para mecA, que mostró un mayor número de copias en las muestras de agua de río que en el alcantarillado urbano. Los genes bla del ADN de fagos fueron transferidos por electroporación a bacterias huéspedes sensibles, que se volvieron resistentes a la ampicilina. Se detectaron blaTEM y blaCTX en el ADN de los clones resistentes después de la transfeción. Este estudio indica que los fagos son reservorios de genes de resistencia en el medio ambiente.
Colomer-Lluch et al. (Thu,) estudiaron esta cuestión.