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Las plantas encuentran constantemente una amplia gama de estreses bióticos y abióticos que afectan negativamente su crecimiento, desarrollo y productividad. Las fitohormonas como el ácido abscísico, el ácido jasmónico, el ácido salicílico y el etileno actúan como reguladores cruciales, integrando señales internas y externas para mediar respuestas al estrés, al mismo tiempo que coordinan procesos clave de desarrollo, incluyendo la germinación de semillas, el crecimiento de raíces y tallos, la floración y la senescencia. Los factores de transcripción (FTs) como WRKY, NAC, MYB y AP2/ERF desempeñan roles complementarios al orquestar una compleja reprogramación transcripcional, modulando genes sensibles al estrés y facilitando adaptaciones fisiológicas. Los avances recientes han profundizado nuestra comprensión de las redes hormonales y las familias de factores de transcripción, revelando su intrincada interacción en la formación de la resistencia y el desarrollo de las plantas. Además, la síntesis, el transporte y la señalización de estas moléculas, junto con sus interacciones con las vías sensibles al estrés, han surgido como áreas críticas de estudio. La integración de herramientas biotecnológicas de vanguardia, como la edición genética mediada por CRISPR y los enfoques ómicos, ofrece nuevas oportunidades para ajustar estas redes regulatorias para mejorar la resistencia de los cultivos. Al aprovechar los conocimientos sobre regulación transcripcional y señalización hormonal, estos avances proporcionan una base para desarrollar variedades de cultivos tolerantes al estrés y de alto rendimiento, adaptadas a los retos del cambio climático.
Thilakarathne et al. (2025) estudiaron esta cuestión.