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La historia de la psiquiatría es la historia del entusiasmo terapéutico con todo el triunfo y la tragedia, la arrogancia y la humildad que esto conlleva. Como resultado, la aparición de cualquier nuevo diagnóstico, como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), debe ser recibida con precaución, rigor y objetividad científica, así como con compasión, compromiso terapéutico y optimismo. Aunque ahora hay pocas dudas de que el TDAH es un concepto diagnóstico válido y útil, y se ha avanzado, aún queda un trabajo considerable por hacer para establecer su incidencia, prevalencia y fundamentos biológicos, así como las estrategias terapéuticas óptimas. Como sucede con todas las enfermedades mentales, es probable que el conocimiento se desarrolle a lo largo de muchas décadas y que los criterios diagnósticos se refinan en paralelo. En ausencia de una comprensión biológica definitiva, debe haber una especial precaución respecto al expansiónismo diagnóstico desmedido, a menos que esté acompañado de evidencia contundente de beneficio terapéutico para aquellos diagnosticados.
Brendan D. Kelly (jue,) estudió esta cuestión.