Ningún otro pueblo en el mundo, quizás, ha proporcionado más información en su poesía sobre su vida cultural y social que los árabes a lo largo de los siglos. Muchos años antes de la llegada del Islam y mucho antes de tener cualquier organización política nacional, los árabes habían desarrollado un arte poético altamente articulado, estricto en su sintaxis y esquemas métricos y fantásticamente rico en su vocabulario y observación del detalle. El despiadado desierto, el duro entorno en el que vivían los árabes, su vida nómada en constante cambio, dejaron casi ningún rastro de su estructura social y los aspectos culturales de su vida. Solo en su poesía –estos monumentos construidos de palabras– encontramos tal evidencia, y habla más elocuentemente que los caracteres cuneiformes en estatuas de mármol jamás podrían.
Arieh Loya (Mié,) estudió esta cuestión.