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Este artículo explica cómo el alcohol hace que las respuestas sociales sean más extremas, mejora las autoevaluaciones importantes y alivia la ansiedad y la depresión, efectos que subyacen tanto a la destructividad social del alcohol como a los efectos reforzadores que lo convierten en una sustancia adictiva. Las teorías se basan en la alteración de la percepción y el pensamiento por parte del alcohol—la miopía que causa—más que en la capacidad de la farmacología del alcohol para provocar reacciones específicas o en las expectativas asociadas con su uso. Se ofrecen tres conclusiones: (a) El alcohol hace que los comportamientos sociales sean más extremos al bloquear una forma de conflicto de respuesta. (b) El mismo proceso puede inflar las autoevaluaciones. (c) La miopía alcohólica, en combinación con actividad distractora, puede reducir de manera confiable la ansiedad y la depresión en todos los bebedores al dificultar la asignación de atención a los pensamientos que provocan estos estados. Estas teorías se discuten en términos de su importancia para la prevención y el tratamiento del abuso de alcohol.
Steele et al. (Mon,) estudiaron esta cuestión.
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