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Cuando los sujetos intentan recordar listas de dígitos reproducidas a través de ruido blanco modulado por pulsos, el número de errores que cometen es mayor de lo que se esperaría si los errores de reconocimiento de dígitos y los errores de memoria inmediata fueran independientes (Exp. 1). Un segundo experimento comparó la recuperación de dígitos en posiciones tempranas de la lista, cuando los dígitos en posiciones posteriores se presentaban a través de ruido, y en claro. Los dígitos en posiciones tempranas se recordaban peor cuando los dígitos en posiciones posteriores debían ser discriminados a través de ruido. En un tercer experimento, se reprodujeron pasajes en prosa a los sujetos, quienes posteriormente respondieron preguntas sobre su contenido factual. Juzgado por esta técnica, la recuperación de la primera mitad de un pasaje en prosa es menos precisa si la segunda mitad debe escucharse a través de ruido que si todo el pasaje se escucha a través de un sistema de buena fidelidad. Estos resultados en conjunto se interpretan como demostraciones de que una mayor dificultad para reconocer el habla a través de ruido puede interferir con otras actividades, (convenientemente denominadas “práctica”) que pueden ser necesarias para retener datos de manera eficiente en la memoria.
Patrick Rabbitt (Jue,) estudió esta cuestión.