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El ensayo revisa la noción de “ciencia cívica” en la gobernanza ambiental global y cómo se articula en las relaciones internacionales, los estudios de ciencia, la teoría democrática y la ciencia de la sostenibilidad. La ciencia cívica se utiliza de manera intercambiable con ciencia participativa, ciencia ciudadana, ciencia de grupos de interés y ciencia democrática, que son palabras clave que significan varios intentos de aumentar la participación pública en la producción y uso del conocimiento científico. Se identifican tres justificaciones para la ciencia cívica: restaurar la confianza pública en la ciencia, reorientar la ciencia para enfrentar la complejidad de los problemas ambientales e instalar la gobernanza democrática de la ciencia. Una proposición central es que la promoción de la ciencia cívica necesita estar acompañada de una comprensión teórica de sus desafíos institucionales, normativos y epistemológicos. La interfaz ciencia-política necesita ser reenmarcada para incluir la interacción triangular entre expertos científicos, legisladores y ciudadanos.
Karin Bäckstrand (Sat,) estudió esta cuestión.