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Este artículo enmarca la importancia política de las prácticas materiales de los refugiados en el Campo de Refugiados de Kakuma a través de una reflexión crítica sobre la noción del presente humanitario de Eyal Weizman. Para comenzar, exploro cómo la producción del campo de refugiados como un espacio de contención no ocurre a través de un cálculo humanitario unificado, sino a través de un conjunto de prácticas articuladas llevadas a cabo por diversos actores: gobiernos, policías, agencias de ayuda, poblaciones anfitrionas y refugiados, todos los cuales tienen manifestaciones materiales profundamente. En segundo lugar, argumento que las búsquedas de bienestar material de los refugiados a través de medios semilícitos e ilícitos deben ser leídas como una crítica material práctica de los estándares en declive de apoyo humanitario. Estos esfuerzos por alcanzar el sustento, invertir en el futuro y ejercer autonomía sirven como un recordatorio público de que la asistencia humanitaria no logra cumplir con el estándar mínimo para garantizar la existencia humana, y que los refugiados apuntan a algo más que mera supervivencia.
Léonie Newhouse (Jue,) estudió esta cuestión.
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