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Los hechos, por sí solos, no nos salvarán. El cambio social requiere ficciones novedosas que reimaginen y reestructuren todo lo que se da por sentado sobre la estructura actual de la sociedad. Tales narrativas no están destinadas a convencer a otros de lo que es, sino a expandir nuestras propias visiones de lo que es posible: Es 2064. Una iniciativa de reparaciones que permite a las víctimas de brutalidad policial regenerar órganos está en marcha. Un nuevo componente importante de la iniciativa se revelará para el quincuagésimo aniversario del levantamiento de Ferguson, pero el biobanco más grande del país ha sido golpeado repetidamente por saqueadores que intentan vender células madre en el mercado negro. Aiyana y su equipo de Risers deben encontrar una manera de asegurar el depósito de células y revitalizar el movimiento. Las ficciones, en este sentido, no son falsedades sino reinterpretaciones a través de las cuales los analistas experimentan con métodos especulativos, desafían las narrativas de inevitabilidad siempre presentes, anticipan nuevas formaciones raciales y prueban diferentes posibilidades para crear sociedades más justas y equitativas.
Ruha Benjamin (Vie,) estudió esta cuestión.