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Las decisiones económicas, como dónde se aumenta o se retira la inversión, qué servicios prosperarán y cuáles se reducirán, cuyas condiciones de vida serán protegidas o mejoradas y cuyas se verán reducidas, no son neutrales en términos de género. Las políticas neoliberales, en particular, han afectado desproporcionadamente a las mujeres, especialmente a las mujeres de bajos ingresos y BAME, debido a su falta de interés en la inversión social y los recortes que están realizando en los recursos y servicios públicos que sustentan la vida. Tratan el trabajo no remunerado de las mujeres como un recurso ampliable y sin costo que puede absorber todo el trabajo adicional que resulta de estos recortes. Este artículo discute algunos de estos efectos, basándose en particular en datos del Women's Budget Group y en trabajos de economistas políticos feministas. También argumenta a favor de la inversión en la infraestructura social como motor de un crecimiento económico sostenible y se opone a un enfoque exclusivamente en la inversión en infraestructura física y la creación de empleo remunerado.
Ruth Pearson (Lun,) estudió esta cuestión.