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En los últimos diez años, muchos comentaristas han intentado explicar los sangrientos conflictos que desgarraron a Yugoslavia. Pero en todos estos intentos de dar sentido a las guerras y la violencia étnica, un factor crucial ha sido pasado por alto: los roles fundamentales desempeñados por los grupos de exilio y las comunidades de emigrantes en avivar las llamas del nacionalismo y la ambición territorial. Con base en Estados Unidos, Canadá, Europa, Australia y Sudamérica, algunos grupos ayudaron a proporcionar las ideologías, el liderazgo, el dinero y, en muchos casos, el armamento militar que alimentó los conflictos violentos. Atípicas fueron las voces disidentes que recurrieron a sus experiencias en democracias occidentales para frenar el rumbo de la guerra. A pesar del poder e influencia de las diásporas, su historia nunca se ha contado antes, en parte porque es tan difícil, incluso peligroso, desentrañarla. Paul Hockenos, un periodista y analista político estadounidense con sede en Berlín, ha viajado por varios continentes y ha entrevistado a numerosos personajes clave, muchos de los cuales nunca antes habían hablado sobre sus actividades. En Llamada a la Patria, Hockenos investiga las redes internacionales sin fronteras en las que las organizaciones de la diáspora confían para exportar agendas políticas de vuelta a sus tierras nativas, agendas que en ocasiones socavaron abiertamente los objetivos de política exterior de sus países adoptivos. Hockenos narra una historia extraordinaria, con elementos de farsa así como de tragedia, una historia de obsesión unidimensional y doble moral, de altas aspiraciones y baja astucia. Las figuras que perfila incluyen individuos tan dispares como un pizzero canadiense y un urólogo albanés que desempeñaron papeles fundamentales en los conflictos, así como otros hombres y mujeres que se levantaron valientemente ante la ocasión cuando sus patrias pidieron ayuda.
Legvold et al. (Thu,) estudiaron esta cuestión.