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En 2011 propusimos que los avances modernos en ciencias neuronales eventualmente impulsarían el campo de la psicología hacia una hora de verdad en lo que respecta a su identidad: de hecho, ¿qué es la psicología, si las funciones e instancias psicológicas se pueden asociar a patrones cerebrales caracterizados (Bazan, 2011)? A medida que Axel Cleeremans abre este Gran Desafío con una pregunta comparable1, y dado que hay un creciente desacuerdo con el paradigma de “yo soy mi cerebro”, pensamos que el tema está, efectivamente, 5 años después, en juego de manera crucial. En 2011, habíamos contextualizado esta pregunta como una impulsada por los avances en biología: anatomía en el siglo XVI, (neuro)fisiología en el siglo XIX y ciencias neuronales hoy. De hecho, con cada avance importante, surgieron momentos decisivos para la psicología: en el siglo XVI, se lanzó el nombre psicología, en el siglo XIX, la psicología se convirtió en un campo científico plenamente desarrollado y hoy, su identidad específica está siendo cuestionada (Bazan, 2015). Ahora parece que son los propios neurocientíficos quienes formulan la posibilidad de una ciencia de la vida representacional, que es autónoma respecto a sus sustratos biológicos. Por ejemplo, el neurocientífico Etienne Koechlin en una conferencia en París el 2 de febrero de 2016, dio como definición alternativa para la neurociencia “los mecanismos y operaciones computacionales que gobiernan las representaciones mentales independientemente de su sustrato material y su contenido2”. También propondremos que esta autonomía debe considerarse como una autonomía organizacional.
Bazan et al. (Mar,) estudiaron esta pregunta.