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La confianza se distingue de la confianza en que esta última se basa en el conocimiento o la previsibilidad de las acciones del otro, mientras que la confianza es necesaria para mantener la interacción en ausencia de tal conocimiento. Mientras que la confianza puede tener muchas bases diferentes, la confianza es un fenómeno eminentemente moderno, que descansa, en última instancia, en el individuo autorregulado y autónomo. Surge concomitantemente con el privilegio moral del ámbito privado y de la conciencia individual. Sin embargo, los desarrollos contemporáneos asociados con la cultura y la sociedad tardías o posmodernas están cuestionando este modelo del individuo y, con él, el potencial de que la confianza exista más allá del ámbito de las regulaciones y restricciones. Se dice que Vladimir Ilyich Lenin comentó: “Vertraun ist gut, Kontrol noch besser” – la confianza es buena, pero el control es mucho mejor. En esta frase encontramos lo que considero una distinción crítica para cualquier comprensión preliminar de la confianza, es decir, la distinción entre confianza y seguridad (control en los términos de Lenin). El control o la seguridad es lo que tienes cuando sabes qué esperar en una situación; la confianza es lo que necesitas para mantener la interacción si no lo sabes.
Adam B. Seligman (jue,) estudió esta cuestión.