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Durante las últimas dos décadas se ha visto un creciente interés en la ciudadanía ‘activa’ (o ‘responsable’) dentro de los proyectos y programas de seguridad pública local, pero se sabe poco sobre cómo funcionan estos proyectos en la práctica. Además de presentar debates teóricos sobre los proyectos de seguridad comunitaria, este artículo reporta conocimientos empíricos sobre la riqueza y variedad de contribuciones informales basadas en los ciudadanos, específicamente en el manejo de delitos y desórdenes comunitarios en Ámsterdam, capital de los Países Bajos. Posteriormente, evalúa el tipo de lecciones que los estudios empíricos proporcionan sobre la importancia del ‘capital social’ para la participación pública, los peligros de la exclusión social y la naturaleza de las relaciones entre ciudadanos y profesionales. Se argumenta que los esfuerzos entusiastas de los ciudadanos individuales son igualmente importantes, si no más, que los lazos sociales fuertes. Además, en términos generales, la participación activa tiende a tener un sesgo significativo a favor de la población blanca, de mediana edad y de clase media. Finalmente, los ciudadanos bienintencionados encuentran regularmente barreras profesionales y techos burocráticos que inhiben su deseo de participar. Todo el discurso en contrario a parte, promover una ciudadanía activa genuina es más fácil decirlo que hacerlo.
Steden et al. (Vier,) estudiaron esta cuestión.
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