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La transición emergente de la unipolaridad a una distribución más multipolar del poder global presenta un problema único y poco apreciado que explica en gran medida por qué, en contra de las expectativas de la teoría del equilibrio de poder, aún no ha tenido lugar una reacción de contrabalanza a la primacía de EE. UU. El problema es que, bajo la unipolaridad y solo la unipolaridad, el equilibrio es un comportamiento revisionista, no de statu quo: su propósito es reemplazar la estructura unipolar desequilibrada existente con un sistema de equilibrio de poder. Así, cualquier estado que busque restaurar un equilibrio global de poder será etiquetado como un agresor revisionista. Para superar este obstáculo ideacional al comportamiento de equilibrio, una potencia en ascenso debe deslegitimar la autoridad y el orden global del unipolo mediante prácticas discursivas y de resistencia que imponen costos, que preparan el camino para la próxima fase de equilibrio pleno y competencia global. El tipo de orden internacional que surge al otro lado de la transición fuera de la unipolaridad depende de si las potencias emergentes asumen el papel de partidarios, saboteadores o evasores. Como el competidor par más viable del poder estadounidense, China jugará un papel especialmente importante en la determinación de la futura forma de la política internacional. Sin embargo, en esta etapa relativamente temprana de su desarrollo, China aún no tiene un plano fijo para un nuevo orden mundial. En cambio, las visiones chinas en competencia sobre el orden se mapean en varias estrategias y escenarios de deslegitimación sobre cómo se desarrollará la transición de la unipolaridad a un equilibrio global de poder restaurado.
Schweller et al. (Fri,) estudiaron esta cuestión.
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