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Hannah Arendt argumentó que lo 'político' se entiende mejor como una relación de poder entre los ámbitos privado y público, y que la narración es un puente vital entre estos ámbitos, un sitio donde las pasiones individualizadas y las visiones compartidas son impugnadas y recombinadas. En su nuevo libro, Michael Jackson explora y amplía las ideas de Arendt a través de un análisis intercultural de la narración que incluye historias Kuranko de Sierra Leona, historias aborígenes de la generación robada, historias relatadas ante la Comisión de Verdad y Reconciliación de Sudáfrica, y historias de refugiados, renegados y veteranos de guerra. Centrándose en las condiciones violentas y volátiles bajo las cuales se cuentan y no se cuentan las historias, y explorando las diversas maneras en que las reescrituras narrativas de la realidad permiten a las personas alterar simbólicamente las relaciones sujeto-objeto, Jackson muestra cómo la narración puede restaurar a los campos intersubjetivos del yo y el otro, del yo y el estado, del yo y el cosmos, las condiciones de una sociabilidad viable. El libro concluye en un tono reflexivo, explorando la interfaz entre el discurso público y la experiencia privada.
Un estudio Sat estudió esta cuestión.