Este artículo examina la participación de Libia en la era posterior a la Guerra Fría en el Pacífico Sur, analizando la Conferencia Internacional en Misrata en 1987 como un medio para expandir la influencia del país a través de la política exterior de Muammar Qaddafi. Basado en el documento de desclasificación de inteligencia indonesio (BAKIN), Libia está llevando a cabo iniciativas estratégicas como una forma de apoyo para la región, incluyendo capacitación en seguridad, asistencia financiera y legitimidad simbólica. Esto ha tenido un impacto significativo en los movimientos separatistas en Nueva Caledonia, Irian Jaya (Papúa), Timor Leste y Aceh. Estos movimientos ganaron nuevo vigor y legitimidad internacional a pesar de las limitadas contribuciones materiales de Libia. Los países occidentales, como Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos, están preocupados por la estabilidad regional en la región. El argumento principal de este artículo es que Libia está aprovechando la diplomacia no tradicional basada en el petróleo y la ideología antiimperialista para expandir su influencia en regiones alejadas de las órbitas tradicionales de Oriente Medio y África. La estrategia no solo desafía el orden geopolítico occidental, sino que también influye en la dinámica de la región del Pacífico de maneras más sutiles, a través del simbolismo, la legitimidad y las redes de solidaridad. Este análisis confirma que las amenazas geopolíticas no solo están presentes en forma de amenazas militares, sino también a través de la diplomacia ideológica y simbólica que altera la percepción de los actores regionales.
Kansil et al. (Thu,) estudiaron esta cuestión.