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Este estudio utilizó dos oleadas de la Encuesta Nacional de Familias y Hogares (1987 a 1988 y 1992 a 1994) para examinar el efecto de la transición a la paternidad en la división del trabajo entre parejas casadas, hipotetizando que la paternidad produciría una división de género del trabajo más diferenciada, pero que las actitudes y la división del trabajo previa a la paternidad moderarían la paternidad. No hubo efectos de la paternidad ni efectos directos o moderadores de las actitudes de género sobre las horas de empleo o de trabajo doméstico de los esposos, con la excepción de que ser padre de más de un hijo resulta en horas de empleo ligeramente más largas. La maternidad incrementa las horas de trabajo doméstico de las esposas y reduce las horas de empleo. Las actitudes de género tradicionales de las esposas reducen su empleo, pero no su trabajo doméstico. Las mujeres casadas con proveedores de tiempo completo tienen las mayores reducciones en el empleo después de la maternidad. Por último, la dependencia económica inicial de las esposas aumenta su trabajo doméstico posterior y el empleo de los esposos. La paternidad cristaliza una división de género del trabajo, en gran medida al remodelar la rutina de las esposas, no la de los esposos.
Sánchez et al. (Mon,) estudiaron esta cuestión.