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Las definiciones de folclore son tantas y variadas como las versiones de un cuento bien conocido. Tanto las diferencias semánticas como las teóricas han contribuido a esta proliferación. La Volkskunde alemana, el folkminne sueco y el lok sahitya indio implican significados ligeramente diferentes que el término inglés "folklore" no puede sincretizar completamente.1 De manera similar, los antropólogos y los estudiantes de literatura han proyectado su propio sesgo en sus definiciones de folclore. De hecho, para cada uno de ellos, el folclore se convirtió en el tema exótico, la hierba verde al otro lado de la cerca, a la que se sentían atraídos pero que, ¡ay!, no estaba en su propio dominio. Así, mientras que los antropólogos consideraban el folclore como literatura, los académicos de la literatura lo definían como cultura.2 Los propios folcloristas recurrieron a definiciones enumerativas,3 intuitivas,5; sin embargo, aunque todas estas ciertamente contribuyeron a la clarificación de la naturaleza del folclore, al mismo tiempo sortearon el tema principal, a saber, la identificación del hilo unificador que une chistes y mitos, gestos y leyendas, vestimentas y música en una única categoría de conocimiento.
Dan Ben‐Amos (Vie,) estudió esta cuestión.