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El pensamiento reciente sobre el psicoanálisis ha llevado a la teoría literaria de manera resuelta de vuelta al concepto de represión como uno de los tropos más importantes en la interpretación freudiana de la literatura. Este movimiento va claramente en contra de la tradición de la crítica psicoanalítica en América, basada en la psicología del ego, que casi venció la represión y los procesos inconscientes que la acompañan, y ha mantenido a ambos lejos de tener cualquier importancia en la interpretación. En 1959, Norman O. Brown solicita un regreso al concepto de represión, pero le preocupa poco las implicaciones para la interpretación. En la tradición continental, que es nueva e influyente en América, gracias a Jacques Lacan y los freudianos franceses, la represión es la figura principal sin la cual el psicoanálisis se hunde en lo que Edmund Husserl llamó, peyorativamente, psicologización: el mero privilegio de conceptos y términos psicológicos sin un desarrollo correspondiente en el análisis. La afirmación lacaniana de una lectura psicoanalítica legítima se basa en las ideas de Freud sobre la transformación en el lenguaje, en la cual la represión es un principio funcional dentro de los sistemas del discurso; esos sistemas, tomados en conjunto, constituyen la textualidad. Por principio funcional, me refiero a que la represión no es un simple evento (como el freudiano tradicional).
Robert C. Davis (Thu,) estudió esta cuestión.