Los puntos clave no están disponibles para este artículo en este momento.
Este artículo se basa en entendimientos históricos y modelos contemporáneos de desviación para desarrollar un marco crítico y una agenda para la práctica progresista. El argumento gira esencialmente en torno a la afirmación de que las intervenciones desviatorias típicamente han estado restringidas por los marcos contextuales e ideológicos en los que operan. En algunos casos han tenido un gran éxito en reducir el número de jóvenes que son atraídos al sistema de justicia penal formal; sin embargo, esto se ha logrado en gran medida de manera pragmática, a través de un acuerdo con la lógica prevalente de las prácticas penales. Los jóvenes han sido desviados al menos en parte porque se les ha atribuido un menor nivel de responsabilidad por sus acciones, ya sea por su edad o por otros factores a los que se atribuye su comportamiento delictivo. Esto, en última instancia, establece límites a la desviación, por un lado, y también ofrece una legitimidad adicional a la criminalización de aquellos que no son ‘desviados’ con éxito, por otro. En contraste, el artículo concluye que un modelo de desviación de ‘justicia social’ debe fundamentar sus argumentos en principios de derechos de los niños y en los valores de inclusión y práctica anti-opresiva.
Roger Smith (Mon,) estudió esta cuestión.