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Para el año 800 d.C., y en menos de dos siglos desde la creación del Islam, una nueva arquitectura religiosa y secular se materializó en una vasta área: Asia occidental, toda África del Norte y el sur de España. Las referencias arqueológicas y textuales para estos proyectos nos han proporcionado una riqueza de evidencia física y descriptiva de los tipos y formas de edificios emergentes de la arquitectura islámica. La mezquita, por ejemplo, se desarrolló en un tipo de edificio bien definido con características físicas notables y organización espacial, entre ellas el mihrab, el minarete, inscripciones caligráficas y ornamentación superficial, todos los cuales son elementos arquitectónicos cuyos diseños y disposiciones en el espacio de la mezquita han adoptado varios patrones recurrentes. La racionalización teológica detrás de la evolución histórica de la arquitectura de mezquitas es más difícil de consolidar, ya que la información es escasa y es difícil interpretar información subjetiva. El Corán decretó enfáticamente la Salah (oración) pero no describió qué características debería incorporar una casa de culto. El Profeta enseñó la Salah a los primeros musulmanes y continuó guiando a los fieles en oración en la mezquita arquitectónicamente modesta de Madinah. Cuando los requisitos espaciales para las mezquitas de congregación se hicieron evidentes, aparecieron características arquitectónicas como el mihrab...
Salim Elwazani (Sun,) estudió esta cuestión.