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Se han desarrollado dos tradiciones de investigación relativamente independientes que abordan la gestión de las emociones. La primera es la tradición de regulación emocional (ER), que se centra en los procesos que permiten a los individuos influir en qué emociones tienen, cuándo las tienen y cómo experimentan y expresan esas emociones. La segunda es la tradición de inteligencia emocional (EI), que se enfoca, entre otras cosas, en las diferencias individuales en la ER. Para integrar estas dos tradiciones, empleamos el modelo de proceso de ER (Gross, 1998b) para revisar la literatura sobre EI. Emergieron dos hallazgos clave. Primero, los individuos con alta EI moldean sus emociones desde el punto más temprano posible en la trayectoria emocional y tienen muchas estrategias a su disposición. Segundo, los individuos con alta EI regulan sus emociones con éxito cuando es necesario, pero lo hacen de manera flexible, dejando así espacio para que las emociones surjan. Argumentamos que las tradiciones de ER y EI se benefician sustancialmente de una mayor integración.
Sarrionandia et al. (Tue,) estudiaron esta pregunta.
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