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Resumen: Este artículo explora la construcción controvertida de imaginarios urbanos más relacionales dentro de un movimiento que está simultáneamente comprometido con sistemas de cuidado mejorados para lugares/otros lejanos, y regímenes intensificados de (re)localización. Las iniciativas de la Cultura de Transición exploran ‘cómo prepararse para un mundo con restricciones de carbono y bajo en energía’ y surgen de una preocupación por un futuro global posterior al pico del petróleo. Aunque la apertura política radical de la Cultura de Transición es coherente con la visión de una política más diversa imaginada por los defensores del espacio relacional (por ejemplo, Amin, 2004), sostenemos que esta apertura se basa en un pragmatismo apolítico que oculta tensiones latentes entre un localismo ambientalmente benigno y una ética de cuidado a distancia. Si una ética transicional del espacio ocupa el terreno incierto entre una imaginación geográfica relacional y territorial, el movimiento de la Cultura de Transición proporciona un contexto rico dentro del cual explorar los acertijos éticos que surgen de diferentes tácticas de creación de lugares.
Mason et al. (Mon,) estudiaron esta cuestión.