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A pesar del inicio de la crisis económica actual, no ha habido un movimiento significativo hacia el proteccionismo entre la mayoría de las economías del mundo. Aunque las explicaciones institucionalistas racionales señalan el papel que han desempeñado las reglas restrictivas de la Organización Mundial del Comercio, los países han permanecido en gran medida abiertos en áreas donde no han vinculado legalmente su liberalización. Si bien los relatos que enfatizan la creciente interdependencia de las cadenas de suministro globales tienen cierto mérito, demuestro que tales explicaciones no cuentan toda la historia, ya que la integración en la economía global no siempre se asocia con el apoyo al libre comercio durante la crisis. En respuesta, desarrollo un argumento constructivista que destaca cómo ciertas ideas sobre el sistema comercial global se han enraizado en el discurso de formulación de políticas, mediando la respuesta de las élites políticas a las presiones y tentaciones proteccionistas. Los formuladores de políticas comerciales y un grupo de economistas destacados han construido un imperativo ideacional para mantener la apertura (y para concluir la Ronda de Doha, aunque con menos éxito) al recurrir a una interpretación cuestionable de la historia económica (el mito de Smoot–Hawley); al enfatizar continuamente el papel del proteccionismo como una de las causas de la Gran Depresión, las respuestas no liberales a la crisis actual han sido prácticamente descartadas por todos, excepto por aquellos dispuestos a cuestionar la sabiduría recibida.
Gabriel Siles‐Brügge (Tue,) estudió esta cuestión.