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Este artículo se basa en la experiencia de varios años operando una plataforma de financiación colectiva de múltiples aplicaciones, así como en una evaluación longitudinal de los perfiles, motivaciones y comportamientos de los participantes, para argumentar que la financiación colectiva del patrimonio no puede considerarse de manera sencilla como una forma democratizadora de participación cultural. Si bien estamos de acuerdo en que la financiación colectiva ayuda a expandir el compromiso público con actividades financiadas por el estado en galerías, bibliotecas, archivos y museos, también señalamos que la cohorte pública involucrada no es radicalmente diferente en su composición sociodemográfica de la que visita físicamente dichas instituciones, siendo por ejemplo financieramente más acomodada y con altos niveles de educación formal. Al arrojar luz sobre cuestiones de participación y ciudadanía cultural, a través de una discusión tanto teórica como empíricamente rica, este artículo pone de manifiesto el impacto actual de la financiación colectiva del patrimonio, en términos de sus fortalezas y debilidades. El estudio también será útil para las políticas y prácticas de patrimonio cultural, la gestión de museos y la curaduría para potencialmente guiar las elecciones y estrategias de financiadores y organizaciones por igual.
Bonacchi et al. (Wed,) estudiaron esta cuestión.