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Los avances en la tecnología médica de soporte vital aplicados a casos neonatales a menudo presentan preocupaciones éticas con un fuerte componente emocional. Los neonatos nacidos en el período de gestación de “área gris” de aproximadamente 23 a 25 semanas pueden resultar en situaciones donde varias personas involucradas en tales casos pueden sentirse “retenidas como rehenes” por imperativos tecnológicos. Las decisiones legales y los estándares han evolucionado en discordancia con las opiniones de muchos clínicos más familiarizados con el tratamiento de estos pacientes. Las crecientes preocupaciones sobre tales escenarios han alimentado mucho debate académico y profesional sobre la necesidad de consenso en los límites éticos de las intervenciones clínicas con alta probabilidad de impacto no beneficioso. Si bien al menos algunos clínicos y ethicistas pueden estar avanzando hacia un consenso sobre los límites de tales tratamientos, las voces de algunos del personal en la cama, particularmente las enfermeras de la unidad de cuidados intensivos neonatales (UCIN), han sido relativamente apagadas en este debate. Al menos una encuesta anterior de clínicos, que incluyó enfermeras, indicó que muchas enfermeras experimentaron un alto nivel de “angustia moral” respecto a los tratamientos agresivos para algunos pacientes. Parte de esta angustia resulta de un sentimiento de impotencia respecto a las decisiones de tratamiento, junto con una alta intensidad de contacto personal con los pacientes y las familias. La falta de autoridad unida a una alta responsabilidad puede ser en sí misma una receta para un tipo diferente de futilidad.
HEFFERMAN et al. (Jue,) estudiaron esta cuestión.