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Resumen La discreción burocrática sigue siendo uno de los principales poderes de un administrador público, al mismo tiempo que es uno de sus aspectos más controvertidos. Usada de manera positiva, la discreción burocrática puede mejorar la equidad social; sin embargo, esta práctica puede crear dilemas de legitimidad administrativa. En este sentido, este artículo discute conceptualmente la posición teórica de los administradores públicos que contribuye a su implicación en dilemas de legitimidad, lo cual se complica aún más por los principios del Nuevo Servicio Público. Argumentamos que si los administradores públicos están comprometidos en interacciones auténticas con el público y utilizan su discreción para reflejar los intereses del público, entonces están involucrados en una gobernanza verdaderamente democrática. Colocamos este argumento en el contexto de lograr la equidad social y destacamos una pregunta evitada en la administración pública. Finalmente, se ofrecen recomendaciones para futuras investigaciones como un medio para avanzar en la agenda de equidad social en la administración pública.
Rivera et al. (Sun,) estudiaron esta cuestión.