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Resumen El discurso jurídico meta-dogmático contemporáneo ha movilizado con frecuencia el significante “traducción”, en diferentes etapas y para enfrentar diversos problemas ─ las interacciones multidireccionales entre el lenguaje jurídico y el lenguaje ordinario, la red plural de ordenamientos jurídicos (nacionales e internacionales, estatales y no estatales), la dialéctica entre los materiales jurídicos presupuestos y las controversias prácticas, el lugar intersubjetivo del juez como el tercero imparcial, la invención de la ejemplaridad como concreción ─ siempre, sin embargo, con proyecciones decisivas en la comprensión o experiencia de lo jurídico (sus aspiraciones, categorías y límites). El propósito de este artículo es explorar las reivindicaciones de inter-semiotismo que la movilización de este significante y la pluralidad de sus contextos de significado y rendimiento parecen construir. Esto significa, por una parte, retomar el diálogo con Boyd White (la justicia como traducción) y François Ost (le droit comme traduction). También significa, por otra parte, regresar al contrapunto entre traducción y tradición que el narrativismo de MacIntyre propone ejemplarmente (¿Qué justicia? ¿Qué racionalidad?), esta vez para discutir la relevancia de tratar el Derecho (un cierto Derecho) como un artefacto cultural, es decir, como una respuesta no universal (plausible culturalmente y moldeada civilizacionalmente) al problema universal (antropológicamente necesario) de la institucionalización de un orden social (el derecho como forma de vida, como proyecto y como tradición). Con una ayuda inesperada proveniente de la semio-narrativa greimasiana, esto significa también preguntar si la traducción (o la ética de la humildad que celebra) puede realmente ser experimentada, en nuestra situación límite, como el recurso (si no el lugar o el ambiente) de un plausible diálogo intercultural.
José Manuel Aroso Linhares (jue,) estudió esta cuestión.