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Se establecen bloqueos psicológicos, legales y sociales en el camino de las mujeres. Estos bloqueos estructurales afectan la distribución del poder marital. Se examinan las fuentes de poder marital (socialización, el contrato matrimonial, ingresos, prestigio ocupacional, participación organizacional, educación, suburbanización, el ciclo de vida familiar, coerción física) y se encuentra que afectan la distribución del poder en familias de cuello blanco y de cuello azul, tanto negras como blancas. Las mujeres están estructuralmente bloqueadas para obtener tanto poder como sus esposos de estas fuentes. Los datos apuntan a la conclusión de que las diferencias en el poder marital no se deben a los recursos individuales o a la competencia personal de los cónyuges, sino a la discriminación contra las mujeres en la sociedad más amplia. Los esposos ganan poder en el matrimonio como clase, no como individuos, y las mujeres están bloqueadas como clase, no como individuos. La familia igualitaria como norma es un mito.
Dair L. Gillespie (Sun,) estudió esta cuestión.