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Todas las vacunas pierden potencia con el tiempo y la tasa de pérdida de potencia depende de la temperatura. Por lo tanto, se han establecido sistemas de cadena de frío para asegurar que la potencia de las vacunas se mantenga almacenándolas en condiciones refrigeradas (en la mayoría de los casos entre 2 y 8 grados C) hasta el momento de uso. Este artículo tiene como objetivo revisar los enfoques que se utilizan para desarrollar formulaciones de vacunas termostables que sean resistentes al daño causado por congelación o calor excesivo, y que podrían reducir la dependencia de la cadena de frío. Se discuten los desafíos asociados con la implementación de estas formulaciones novedosas, así como los beneficios y oportunidades potenciales de sacar las vacunas de la cadena de frío.
Chen et al. (Mon,) estudiaron esta cuestión.