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Se obtuvieron puntuaciones del Inventario de Depresión de Beck de 48 ancianos que habían estado residenciando en hogares para ancianos por más de un año, 31 ancianos que residían en la comunidad y que esperaban entrar en un hogar de ancianos, y 424 adultos jóvenes inscritos en un curso de psicología de primer año. Los residentes de hogares de ancianos no informaron más síntomas de depresión que los controles en lista de espera, un hallazgo que no respalda la hipótesis de que la naturaleza institucional de los hogares de ancianos aumenta la depresión en los ancianos. Tanto los ancianos institucionalizados como los no institucionalizados informaron más síntomas somáticos de depresión que los adultos jóvenes, pero no mayores síntomas cognitivos o afectivos de depresión. Estos resultados se interpretaron como que no brindan apoyo a la creencia ampliamente sostenida de que los ancianos están más deprimidos que cualquier otro grupo de edad. Finalmente, se argumentó que las quejas somáticas pueden ser indicadores válidos de depresión en los ancianos si se tienen en cuenta las diferencias normativas entre jóvenes y ancianos.
Zemore et al. (Sat,) estudiaron esta cuestión.