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OBJETIVOS: Revisamos la evidencia del ácido tranexámico (TXA) para el tratamiento y prevención de hemorragias causadas por cirugía, trauma y trastornos hemorrágicos. Destacamos áreas terapéuticas donde falta evidencia y discutimos problemas de seguridad, particularmente la preocupación sobre las complicaciones trombóticas. MÉTODOS: Se realizó una búsqueda electrónica en PubMed y la Biblioteca Cochrane para identificar ensayos clínicos, informes de seguridad y artículos de revisión. HALLAZGOS: El TXA reduce la hemorragia en pacientes con menorragia y en pacientes que se someten a cesárea, miomectomía, histerectomía, cirugía ortopédica, cirugía cardíaca, cirugía ortognática, rinoplastia y cirugía de próstata. Para las extracciones dentales en pacientes con trastornos hemorrágicos o que toman medicamentos antitrombóticos, así como en casos de epistaxis idiopática, tonsilectomía, trasplante de hígado y resección, nefrolitotomía, cirugía de cáncer de piel, heridas por quemaduras y injertos cutáneos, hay evidencia moderada de que el TXA es efectivo para reducir la hemorragia. El TXA no fue efectivo para reducir la hemorragia en lesiones cerebrales traumáticas y hemorragias gastrointestinales superiores e inferiores. El TXA reduce la mortalidad en pacientes con trauma y hemorragia posparto. Para muchas de estas indicaciones, no hay consenso sobre la dosis óptima de TXA. Con ciertas dosis y en ciertas indicaciones, el TXA puede causar daño, como un aumento del riesgo de convulsiones después de dosis altas de TXA con lesión cerebral y cirugía cardíaca, y una mortalidad aumentada después de la administración tardía de TXA para eventos traumáticos o hemorragia posparto. Aunque la mayoría de los ensayos no señalaron un riesgo aumentado de eventos trombóticos, algunos ensayos informaron una tasa aumentada de complicaciones trombóticas con el uso de TXA para hemorragias gastrointestinales y trauma. CONCLUSIONES: El TXA tiene efectos beneficiosos bien documentados en muchas indicaciones clínicas. Identificar estas indicaciones y la dosis y el momento óptimos para minimizar el riesgo de convulsiones o eventos tromboembólicos es un trabajo en progreso.
Ockerman et al. (Wed,) estudiaron esta cuestión.